El tenis necesario

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Coincidiendo con este nuevo torneo de tenis que encumbrará todavía más a Palma del Río como referencia privilegiada de una modalidad deportiva, hay quienes siguen despreciando el deporte como pasatiempo caprichoso de vagos que no saben emplear mejor su tiempo.

¿”Qué ganan”—se preguntan—“los que se empeñan en golpear una inocente pelota con la red tensada de una raqueta”?

Ignoran que las ahora consideradas modalidades deportivas nacieron como recurso práctico para salvar incluso la vida propia en circunstancias desesperadas.

Por ejemplo, el “lawn tennis”, tenis sobre césped que, después y para practicarlo en sitios donde el verde escasea, derivó en pistas de tierra batida y otros sucedáneos.

Nació el tenis, como todo lo útil para el hombre moderno, en Inglaterra lugar cubierto de onduladas praderas naturales que la generosa lluvia mantienen siempre verdes.

Una tarde de benigno clima y amable sol, circunspectos gentlemen y recatadas misses tomaban el té en una merienda campestre y su apacible idilio fue súbitamente interrumpido por indiscretas abejas que se esmeraban en libar el néctar del polen de las florecillas nacidas espontáneamente.

–¡Shocking!, se enfureció un melenudo dandy.

–¡Oh! Se ruborizó al escuchar el exabrupto una recatada damisela.

Y en un desacostumbrado impulso irracional, uno de los comedidos caballeros arrancó la pamela de la rubia cabeza de una tímida dama y se lió a pamelazos con las intrusas hasta que hizo huir a las inoportunas abejas.

Rememorando el divertido episodio y, ya al abrigo de las intrusas, decidieron repetir la experiencia que, poco a poco, llegó a evolucionar al actual torneo de Forest Hill, la Meca, El Dorado, el Jardín de las Huríes de todos los actuales tenistas.

El tenis, como las demás modalidades deportivas, nació como recurso del hombre para librarse de las amenazas de la Naturaleza.

Recientes descubrimientos en la recóndita hondonada de una remota zona de Tanganika, por ejemplo, han revelado que los cien metros lisos, la prueba reina de las actuales olimpíadas, nació como recurso de un hombre de aquellos tiempos para escapar de un tigre sable.

Era un bicho temible, ya afortunadamente extinto y parecido por su pelaje a los tigres que ya solo existen en los zoológicos, pero con dos colmillos como los cuernos de un Isaías Vásquez.

Como era más pesado que el enclenque humanoide al que quería victimizar, el bicho cayó derrengado a los cien metros de persecución y su víctima salvó su vida.

El lanzamiento de jabalina, una tontería actual, era imprescindible cuando la gente se mataba a lanzazos: el que la tiraba más lejos se cargaba al que no alcanzaba tanto.

Así que las competiciones deportivas actuales son tan necesarias como imprescindible es para el hombre no olvidar lo que en circunstancias pasadas le permitió salvar la vida.

La ignorancia o el menosprecio a aquellos recursos, puede serle fatal si volvieran a repetirse las circunstancias.

Los palmeños que abarroten este año las gradas del campo de tenis, como lo hicieron en las anteriores ediciones, deben disfrutar de lo que allí los entretenga, sin olvidar que con pamelazo o un golpe de raqueta evitas que una abeja te pique.

Por Miguel Higueras Cleries